Compromiso

Agua exclusiva/agua necesariaHace un tiempo leí «Adiós a la publicidad», el libro de Oliviero Toscani (sí, el de Benetton) en el que aparte de defender y justificar sus provocativas campañas asegura que las marcas deben asumir compromisos que vayan más allá de la calidad en la fabricación de sus productos o del precio. Él apuesta por comprometerse con los grandes problemas de la sociedad.

Acabo de ver en internet (gracias al amigo Siscu) una acción que creo se está en línea de ese compromiso que demandaba Toscani y que es casi imposible de ver por parte de marcas comerciales.

Es el principio de algo. De algo interesante. Al menos, de algo diferente.

Vale la pena seguirlo:

http://www.wawmineralwater.com.es

Doble gol

Lo sé. No es lenguaje motociclista, quizás sería más propio decir doble caída o, simplemente, doble ridículo.

Y es que un saludo militar, con un traje que será de astronauta pero parece un disfraz comprado en el bazar chino y con una bandera que señala que ese territorio pasa a denominarse como el protagonista… En fin. La verdad es que hay deportistas a quienes les ha dado por intentar ser originales en las celebraciones de sus gestas deportivas. Pero la creatividad tiene ese intangible denominado criterio. Tenerlo o no tenerlo es fundamental para que una celebración sea original y simpática u original y patética.

Por desgracia, Lorenzo no es el único que cae en lo absurdo. Hay una larga lista de futbolistas (¿recordáis a Fowler?) o pilotos de fórmula 1 (¿hablamos de los venados, pajaritos, etc?).

Pero esta vez, como digo en el título el desliz es doble. Y es que un deportista de élite que rentabiliza todo el espacio de su mono, casco, moto, etcétera tiene que darse cuenta que hacer lo que hizo, donde lo hizo tiene valor. Los señores de Red Bull han visto como sin pagar ni un dólar más han expuesto su valla en muchos minutos de televisión y en muchas páginas de periódicos. Su marca ha sido mucho más protagonista que las que tanto tienen que pagar para poner un pedazo de tela o adhesivo en el mono o el carenado del piloto. Por lo tanto, los que lo están celebrando son ellos, los hombres de Red Bull (a no ser que la gansada les parezca tan vulgar como a mí).

Agua y publicidad

Malos tiempos para la eficacia publicitaria en televisión.

Por mucho que la industria pase de puntillas por la problemática y casi nadie se atreva a decirlo abiertamente, el consumo que se hace de la televisión ha cambiado mucho en los últimos años. Los sistemas de medición, no.

El dato, que parece anecdótico, de que el consumo de agua se disparó un 26% durante el descanso del partido de semifinales del mundial (España-Alemania) es una evidencia más del deterioro de los bloques publicitarios en las cadenas.

http://www.europapress.es/deportes/futbol-00162/mundial/noticia-futbol-seleccion-consumo-agua-dispara-26-descanso-espana-alemania-canal-isabel-ii-20100708145828.html

Muchísima gente aprovechó el descanso para ir al baño, los datos del consumo lo demuestran, sin embargo,  las marcas que compraron los espacios publicitarios en ese momento siguen encantadas porque los sistemas les dirán que su audiencia, la de Tele 5, era enorme. Si tener en cuenta esa fuga generalizada.

Si a la gente que aprovechó para ir al baño sumamos los que aprovecharon para enviar mensajes con el iphone, la blackberry o el ordenador, los que fueron a la nevera a por cerveza, los que salieron del salón para tomar aire, los que llamaron a la pizzería para encargar cena, los que, los que, los que…

El partido lo vieron millones de personas, pero los anuncios que estaban en medio… Bueno, las centrales de medios y la televisiones seguirán diciendo que esos mismo millones de personas. Y los anunciantes no tendrán más remedio que seguir creyéndoselo.

Eso o ir al baño. No a llorar, sino a pensar en otras fórmulas que rompan la tiranía de los previsibles cortes publicitarios que impone el actual sistema televisivo.

Benvinguts a Madrid (18/11/08)

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No soy sospechoso de un sentimiento nacionalista demasiado arraigado. (Eso de la «crostra» jamás me lo han aplicado ni aplicarán).

Soy -o me siento- algo así como un 30% barcelonés, un 30% catalán, un 30% español, un 30% de todos esos lugares adonde he viajado y de donde he vuelto con algo, incluso soy un 20% aragonés y un 15% sancugatenc -y subiendo-.

Cierto, sumado da más de 100. Pero ¿acaso las matemáticas pueden regir los sentimientos?

Soy de donde soy y soy como soy y, sin embargo, cada vez que aterrizo en el Aeropuerto de Madrid, mi 30% catalán dibuja un cierto regusto de venganza e incluso sonríe sin discreción.

Tanto hablar del desequilibrio entre Madrid y Barcelona (incluso en futbol está profundamente desequilibrado, a la inversa, pero desequilibrado) y resulta que los notables de Madrid aprovecharon el pelotazo de la antigua ciudad deportiva para dar un mensaje de acogida a los catalanes más catalanistas. Y es que tiene su guasa que Madrid nos reciba desde muchos kilómetros atrás con «cuatre barres».

Esos cuatro gigantescos edificios deberían estimularnos cada vez que vamos allí a vender, a convencer, a conquistar….

Es como una bandera clavada en lo alto de la ciudad. Es como decirle al rival que tú le pintas la bandera y se la pintas con tus colores.

Sintámonos así cada vez que vamos a «la capital»: vamos a un lugar al que ya le hemos vencido de algún modo.

Gracias a los arquitectos por ese subterfugio creativo.

El otro día cerraba diciendo que en la imaginación cabe todo. Y es que cabe.

Repito: haced real algo que está en vuestra imaginación antes de volver a leerme.

El primero (14/01/08)

Quién busque imaginativos vídeos, ilustraciones sorprendentes y maravillosas o el anuncio más extraño y divertido quedará decepcionado.

No voy a nutrir fundamentalmente este espacio con vídeos o fotografías. Ni voy a hablar de publicidad (agencias, anuncios, profesionales).

Tranquilos: tampoco voy a hablar de las evoluciones futbolísitcas de mi hijo, ni de las notas de mi hija, ni de mis viajes. Lo personal queda en casa.

Voy a hablar de lo que veo. Tal vez será que con un ojo veo muy poco, pero lo cierto es que a veces veo las cosas de un modo diferente. O lo que veo me hace pensar de un modo diferente.

Muy pronto escribiré sobre lo parecidos que son Obama y McCain y lo diferentes que son respecto a Zapatero y Rajoy.

Os hablaré también de una sensación muy especial que puede sentir cualquier catalán cuando llega en avión a Madrid.

Algún día hablaré también de los informativos de televisión.

Caeré en la tentación de hablar sobre la densidad de papanoeles en la ciudad.

Y porque llego tarde, sino escribiría un alegato contra Hallowen. El año que viene no fallará.

Para acabar un brevísimo apunte de un tema que da para mucho: los aeropuertos.

La semana pasada fui a Mallorca y constaté que los aeropuertos por funcionales y bellos que sean tienen un grave parásito que destruye su imagen. Es imposible sentirse feliz en el tiempo de espera hasta coger un avión. Por atractivas que sean las tiendas, por muy grande que sea la zona wifi, por agradable que pueda ser la conversación…. Jamás puedes estar de buen humor después de quitarte el cinturón, en muchos casos los zapatos, vaciarte los bolsillos y quitarte la chaqueta. La presunción de inocencia queda eliminada en los aeropuertos por motivos de seguridad. Señores responsables, no gasten dinero en embellecerlos, mientras sigan estos sistemas de detección de maleantes, el optimismo es casi imposible.

Y ya para acabar. Ayer, una compañera de trabajo -observadora y diligente- me confió una pregunta que le hizo su sobrino: «¿quién recorta la Luna?»

En la imaginación cabe todo.

Haz real algo que está en tu imaginación antes volver a leerme.

Rafa

Denuncia brillante

Hace unos días, Jorge Gómez Monroy captó esta imagen. Caminando por la calle lo vio y lo fotografió. Hizo más, lo colgó en su página de Facebook.

Compartirla me parece un acto generoso. Ahora, yo abuso de su generosidad para trasladarla aquí porque lo cierto es que desde que vi la imagen hace ya al menos 20 días sigo pensando en ella.

Es enigmática. Es sugerente. Es limpia cuando habla de suciedad. Es provocadora. Es notoria. Es sorprendente. Es convicente. Sí, es concienciadora. Es, en todos los sentidos de la palabra, brillante.

Pero, además, es anónima. O eso creo.

Es una manifestación de protesta ejemplar. Artísticamente ejemplar.

Con ella me pasa como con los buenos libros. Cuando acabas el capítulo empiezas el siguiente aunque sabes que deberías apagar la luz.

¿Dónde está el siguiente capítulo de esta imagen?

Para acabar: haced real algo que está en vuestra imaginación antes de volver a leerme.