Sorprenderse.


«Ya no hay nada que pueda sorprendernos».

Este comentario tan habitual es más propio de quien camina por la vida con soberbia y superioridad que de cualquier persona mínimamente observadora. La capacidad de sorpresa es gratificante, porque lo nuevo y diferente nos estimula. Puede ser que positivamente, pero también puede que nos escandalice, que nos decepcione, que nos asquee, que nos divierta, que nos enseñe. Pero en toda sorpresa hay unos segundos de placer: el placer por descubrir.

Y, amigas y amigos, la sorpresa está por todas partes.

JUEVES 5 DE MAYO. 9.30

Nunca desayuno en una cafetería, suelo hacerlo en casa. No obstante, ese jueves lo hice. Entré en uno de esos lugares tan de moda: las cafeterías-panaderías-diseñaditas y pijas.

Me pedí una Coca-Cola Zero y ya que estaba rompiendo una tradición -desayunar fuera- me vine arriba y me pedí también una microscópica flauta de jamón.

La dependienta me trajo la Coca-Cola. Una lata.

Nada más.

Sin vaso.

Miré directamente a sus ojos. Como no consiguieron transmitir nada, hablé. Necesito un vaso, dije.

La señora, que parecía no entender mi frase ni adivinar mi petición, pues debía parecerle estrambótica, me dijo:

Ah! ¿quiere vaso?

Contesté afirmativamente y esperé mi vaso y mi bocadillo.

Llegaron ambos. El bocadillo me lo dejó sobre un papel directamente en la mesa. Intenté transmitir a la señora con mi mirada y con mi mente un mensaje categórico: ¡quiero plato! No obstante, la señora, ajena a mi necesidad y a mi petición se fue a atender a otro cliente.

No me atreví a pedir café por miedo a que me hiciera poner la boca directamente bajo la boquilla y me abrasara el gaznate.

JUEVES 5 DE MAYO. 09.45

Mientras apuraba mi rápidamente apurable flauta ojeé un periódico. Me llamó la atención un anuncio de la página 3. El titular decía: PREPARATS PER FER UNA CATALUNYA MILLOR. Y luego remataba con otra frase: FEM-HO! De fondo un atleta en los tacos de salida. Verdaderamente me sorprendió casi tanto como servir una bebida sin vaso o un bocadillo sin plato. ¿Para qué sirve ese anuncio? ¿Autoestima? ¡Se me ocurren tantas formas distintas de gastar ese dinero…!

Dos páginas más adelante volví a quedarme petrificado ante otro anuncio. Éste:

anuncio horteraEl titular, traducido al castellano, viene a ser algo así como ¿Colchón o chollón? Me pareció una horterada tan grande como el descuento que promete, eso sí, me sorprendió. Me sorprende que se puedan hacer anuncios tan malos y facilones y cobrar por ello.

Sólo unas páginas más adelante me encontré otro titular, éste periodístico, escrito así:

Los Gasol, Princesa de Asturias.

Vaya, pensé. Estos dos hermanos han desbancado a Leonor en la línea sucesoria aunque para ello hayan tenido que someterse a un cambio de sexo mantenido en secreto hasta hoy. ¿Sorprendente, no?

No está mal. Varias sorpresas en 15 minutos. Pues no. No estaba mal, pero aún faltaba alguna más.

Un anuncio promete sustituir tu vieja bañera por un plato de ducha por el modesto precio de 549 euros (todo incluído). Un poco más abajo y en una letra un poco más pequeña explica que si lo quieres con grifo monomando sólo tienes que abonar 450 euros más. O sea un 81% más. Pero claro, un plato de ducha bien merece tener un grifo ¿o no?

Cerré el periódico y salí a la calle.

JUEVES 5 DE MAYO. 10.00

Había aparcado el coche en zona azul y me había pasado 15 minutos del tiempo pagado. Para mi nueva sorpresa, no me tenía el temido papel amarillo de multa.

Treinta minutos de tu vida dan para sorprenderte. Y mucho, aunque haya quien diga que ya nada sorprende…

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