El pene pequeñito de Afflelou.

Desde hace unos días, cada vez que veo un anuncio de Alain Afflelou no puedo dejar de pensar en su presidente. Y en el tamaño del miembro viril de todos sus potenciales clientes.

Concretamente desde que La contra de La Vanguardia publicó una entrevista a Roger Ortuño (gastrónomo especializado en cocina japonesa).

En ella, al final, nos recomienda que no digamos Chin-chin al brindar en un restaurante japonés pues para los nipones significa «pene pequeñito».

La contra L.V.

http://www.lavanguardia.com/lacontra/20110802/54194387063/si-vamos-a-un-restaurante-japones-sorbamos-la-sopa.html

Justo al día siguiente de leer esta simpática entrevista volvía a ver que el óptico Afflelou vuelve a bombardearnos con su Chin-chin. Y claro, uno no puede dejar de pensar en la cancioncita con otra letra: «Pene pequeñito con Afflelou».

Me pregunto, ¿habrá japoneses que compren en esa óptica?

Ver algo menos.

En este anuncio hay algo que no veo:

 

El sentido.

Creo entender que una chica pasea por la calle en una noche lluviosa. Está empapada. Además un vehículo que pasa le salpica sin que ella se altere ni se acuerde de la madre del conductor -como haríamos todos-. ¡Hasta que llega a un Peugeot! Y, tras frotarse en él, se sube. Pero antes de ponerse en marcha se vacía el zapato que acumula una cantidad considerable de agua.

A parte del fetichismo de los autores, el mensaje no lo veo claro. Aunque todavía veo menos clara la razón por la cual el zapato está tan lleno de agua. ¿Le va 6 números grande? ¿tiene un sistema de recogida de aguas pluviales para el uso en riego? ¿Es una simple excusa para mostrar que la modelo tiene piernas y pies?

En este blog pretendemos ver algo más, reconozco que este post es un caso invertido. Claramente veo menos.

 

 

A Belén, castores.

Puestos a empezar el año, mejor hacerlo con una sonrisa.

Me planteé iniciarlo con crítica. O con sarcasmo. (Estos días hay temas de sobras para afilar los cuchillos). No obstante me he inclinado por volver a sacar de cajón una pieza tierna y ya algo antigua que nos despierta una agradable sensación.

Se trata de un anuncio de temática navideña. Da igual lo que anuncia. Está aquí porque es simpático, porque es emocional y porque… hace unos cuantos años estuve meses y meses cantando eso de «Vamos a Belén, vamos castores, vamos…»

 

Día sin coches.

Ayer se publicó en la página 5 de El Periódico de Catalunya este anuncio.

No voy a entrar aquí en la calidad del mismo, si me parece bueno o malo, pero sí en la oportunidad.

Y es que parece ser que el anuncio en cuestión apoya a aquellos que no saben o no pueden vivir sin coche ni un solo día. Por ello Zurich les ofrece un vehículo de sustitución en caso de que el suyo esté averiado.

Si ya es dura la idea de que haya personas que no puedan pasar ni un día sin coche, más lamentable es que ese anuncio se publique, precisamente, el Día de la movilidad sostenible.

Desde las instituciones europeas y  locales (gobiernos autonómicos y  ayuntamientos) nos invitan a que no usemos el vehículo privado para concienciar a todos a cerca de un comportamiento más sostenible y seguro.

Por esa razón, insertar ayer el anuncio de Zurich parece más una burla hacia el interés institucional por la sostenibilidad que un intento de captar clientes. Pero estoy convencido que para nada hubo intencionalidad, sino puro desconocimiento. O sea que la situación se provocó, sencillamente, por la torpeza del planificador de la campaña y de todos los que dieron el visto bueno a esa planificación que no tuvieron en cuenta el calendario de «celebraciones».

Y si me equivoco y no fue torpeza, entonces… Entonces… Es pura imbecilidad.