No te fíes de la mitad de las políticas rubias.

El 16% de las mujeres nacen rubias. Pero, curiosamente, sólo el 33% son rubias. Es decir que un buen número de mujeres prefieren ser rubias a lucir su tono de cabello natural. ¿Por qué? Hay muchas razones y no vamos a entrar aquí a evaluarlas. Prefiero debatir sobre otro aspecto del mismo tema: la verdad.

Una persona que se cambia el color de su cabello ¿miente? ¿Se nos presenta como lo que no es? Quizás la primera pregunta es en exceso severa, pero con la segunda no admito demasiadas dudas. Se responde con un sí.

Tirando de silogismo, podemos decir que una persona que se presenta como lo que no es, es una persona poco confiable. Por lo tanto una rubia-no-auténtica no es confiable.

Y ahí voy. A la confianza que es algo fundamental en las relaciones personales y en las comerciales. La confianza es la base fundamental para que, por ejemplo, los buenos anuncios vean la luz (porque el cliente confía en su agencia o, mejor dicho, en una persona concreta de esa agencia). Los buenos guiones de cine se ruedan porque alguien (un productor) confía en ese guionista, en el guión y, porqué no decirlo, en sí mismo.

Y ahora vamos a la política. Un político aspirante a ganar los votos del electorado debe ganar primero su confianza.

Me pregunto si una candidata rubia está bajo sospecha de mostrar lo que no es (en teoría la mitad de las rubias no lo son en realidad, así que hay muchas posibilidades).

Creo firmemente que los periodistas en sus entrevistas deberían, en primer lugar, preguntar a las mujeres -y también a los hombres- si su pelo es de color natural. Todos votaríamos más tranquilos.

Y ahora un pequeño juego. ¿Quién es y quién no es rubia original?  Opina:

Carmen Chacón ¿Sí o o no?

 

 

 

 

¿Elena Salgado? ¿Bibiana Aído? ¿Leire Pajín? ¿Trinidad Jiménez?

Y por otro lado, ¿Es rubia auténtica Esperanza Aguirre, Ana Mato, Luisa Fernanda Rudi, Cospedal?

 

(Recuerda que lo más probable es que la mitad de ellas no lo sean. Por si acaso, no te fíes demasiado de lo que diga ninguna).

 

 

¿De verdad saben como acabar con el paro? ¿O eso vendrá solo?

He seguido con cierto estupor parte de algunos discursos en la toma de posesión de presidentes de comunidades autónomas y de ayuntamientos tras las últimas elecciones. Me ha sorprendido que, casi sin excepción, todos hablan de la lucha contra el desempleo como principal objetivo de su mandato.
Y claro, uno se pregunta ¿pero la culpa del paro no es mayoritariamente de Zapatero y de su gobierno?
Llevamos años escuchando el látigo de que el culpable de la profundidad de la crisis es la falta de conocimiento y el desacierto de las medidas del gobierno. O sea, la culpa es del gobierno. Y ahora resulta que los ayuntamientos y las comunidades autónomas tienen recursos para poder luchar contra el paro. Pues luchen. Pero también repartan responsabilidades que, como vemos en el gráfico (primer trimestre 2011), las tasas de desempleados no entienden de tendencias políticas . Y hay buenos y malos datos en todos los bandos (mirad sino la similitud entre Extremadura y Valencia).

Y al final pasará lo que pasa siempre, la situación global mejorará y al cabo de un tiempo mejorará la nuestra, esté quien esté en el poder.

Sin política, pero con hombreras y arrugas.

La campaña política en Cataluña está ofreciendo pocas cosas sustanciales y mucha frivolidad. Como la aparición de Montserrat Nebreda entre gemidos y vestida con una toalla, el orgasmo de los jóvenes votantes socialistas cuando introducen la papeleta de Montilla en la urna o el friky pseudo Elvis aliado con Carmen de Mairena.

Estupideces a parte, no hemos tenido oportunidad de recibir ninguna oleada de ilusión, nadie que arrastre pasiones o genere confianza. Las mismas frases gastadas de siempre. Dichas o escritas sin argumentos. «Soluciones contra la crisis», «Garantía de confianza», «Una Catalunya millor»… Pero ¿cómo?, ¿por qué? Nada.

¡Qué difícil va a ser ir a votar como llueva y haga frío! Y eso que han quitado el Barça-Madrid del medio…

Pues a falta de temas profundos, resulta más útil divertirse con las imágenes curiosas. ¿Dónde venden esas hombreras que lleva doña Alicia que, desafiando todas las leyes de gravedad, apuntan al cielo?  Será que así es menos probable que sus tan temidos rumanos le roben el bolso colgado al hombro.

¡Qué distinta es la realidad! ¡Qué diferente es la vida real de esa imagen falsa que suelen mostrar las fotos retocadas hasta el último pixel… ! Y hablando de retoques, es curiosa también la imagen de campaña de Herrera. Con su lema «Verde esperanza» nos enseña una foto al natural. Sí, en blanco y negro, pero sin retoque. O con «contra-retoque».

Ayer pasé a 3 metros de una valla de 8×3 de Iniciativa y vi unas muy pronunciadas arrugas alrededor de los ojos del candidato. Igual que para que nadie piesen que «aún está verde» le han madurado artificialmente.

¡¡Todo por un puñado de votos!!

Más bobos.

Después del vídeo en el que Rajoy deseaba a todos felices vacaciones mientras viajaba en coche sin cinturón de seguridad, otro político en nómina del estado peca de ganas de «salir en la foto» descuidando completamente el atrezzo y sin intuir las consecuencias del desliz.

Nuestro ministro de trabajo ha inaugurado las obras de demolición de un edificio (ahora ya no sólo se hacen fotos en las inauguraciones o en las colocaciones de la primera piedra sino en cualquier circunstancia -pronto veremos a algún político dibujando la primera línea de un plano de una obra-). Y ha tenido esa aparición pública -convocando a los medios de comunicación- mazo en mano y con el casco en la cabeza.

Pero no se colocó gafas de protección ni guantes de seguridad. Lo cual le acarrea a cualquier empresario de la construcción una multa de 3000 euros.

Intentar sacar provecho político de una demolición no me parece demasiado ético, pero hacerlo sin cumplir las normas es una chapuza. Pero si esas normas las dicta el ministerio que él mismo dirige no cabe duda. Este señor es bobo.

Con el esfuerzo (y dinero público en campañas de concienciación) que supone hacer cumplir la ley de seguridad en el trabajo este tipo de meteduras de pata es aún más imperdonable.

Y en el fondo es un asunto de comunicación: las elecciones catalanas están cerca y hay que salir haciendo algo positivo, sea lo que sea para combatir la permanente presencia del señor ministro asociándolo a huelgas, cifras de paro, destrucción de empleo… Pero la comunicación, como todo, tiene sus especialistas. Personas que cuidan con detalle la aparición pública de sus clientes, pero está claro de don Celestino o no tiene o paga a asesores sin capacidades.

Y hablando de profesionales ojalá la política dejara a los amateurs de lado y tuviera profesionales.